Es el último día del año y es inevitable poner la vista atrás y pensar en los 365 días que se han pasado como un suspiro y me han llevado hasta este mismo momento.

El 2o12 debería ser el año triste en el que perdí un trabajo que realmente me gustaba, pero lo que ha sido es una época de cambios que veo como una transición, una oportunidad de conseguir algo mejor y que no pienso dejar escapar.

Si siguiera trabajando, quizá no me habría decidido a emprender. Mi nuevo proyecto, del que sabréis más en 2013,  además de llenar mi tiempo haciendo lo que más me gusta espero que consiga mostrar un poco de optimismo en el panorama gris que nos pintan cada día.

He aprendido mucho en este tiempo y sigo haciéndolo a diario, quizá no sea la misma persona que hacía su balance el año pasado, pero la que soy hoy me gusta y tiene mucho más que ofrecer.

Mi periplo por 2012 no habría sido lo mismo sin los grandes compañeros de viaje que me han acompañado. He tenido la oportunidad de conocer a mucha gente interesante, de seguir compartiendo momentos con los que lleváis a mi lado toda una vida y de ver como se hacen imprescindibles en ella los que hace unos meses tan solo eran desconocidos.

No necesito decir nombres, sabéis que hablo de vosotros, y tenemos 365 días por delante para compartir y llenar de recuerdos para el año que viene.

¿Qué le pido a 2013?

Lo mismo que os deseo, poder acostarme y levantarme cada día con una sonrisa en los labios y un nuevo reto que afrontar.

¡Feliz 2013!

2013

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